Sexismo en las entrevistas de trabajo – ¿Qué harías en lugar de Paula?

Paula no había desayunado. Sus piernas temblaban mientras observaba la puerta de ARYA, S.A. que tantas veces había soñado con atravesar en los últimos meses. Todas sus esperanzas e ilusiones las había depositado en la entrevista de trabajo que había preparado para la empresa. El proceso de selección se le había hecho eterno:  Pruebas de conocimientos profesionales, test psicotécnicos, de personalidad y hasta una dura dinámica de grupo en la que la mayoría de aspirantes habían quedado descartados. Después de todo aquello habían quedado dos finalistas, y estaba dispuesta a derrotar a su contrincante por todos los medios. El puesto de trabajo tenía que ser suyo y quería demostrarlo.

Llamó al timbre. 

—¡Buenos días, Paula! Has llegado muy pronto hoy. 

— ¿Eres Elena? Hemos hablado un par de veces por teléfono. ¡Encantada de conocerte! He escuchado por la radio que había huelga de metro y no quería llegar con retraso.  

Elena era la recepcionista de la empresa.  Paula no la conocía en persona porque todo el proceso de selección se había llevado a cabo con una empresa externa, y se sorprendió al ver a una mujer tan guapa y con tan buena presencia. ¡Parecía una Barbie!

La siguió por el pasillo mientras observaba su vestimenta. Llevaba un traje de chaqueta ceñido que mostraba su esbelta figura acompañado de una falda gris y tacones que la hacían parecer todavía más alta y apuesta. Para Paula era muy importante dar buena impresión y prestaba atención hasta el último detalle. «Voy a tener que comprarme unos tacones un poco más altos» pensó para sus adentros. «Y no me va a quedar tan bien un traje así de apretado».

De repente perdió un poco de confianza en sí misma y se ruborizó al ver que Paula se había girado y la había sorprendido mirándole el trasero.  

— Puedes esperar aquí, Paula. Enseguida te atenderán. — expresó Elena con una agradable sonrisa.  

Paula observó a su alrededor mientras Elena se alejaba. A lo largo del pasillo se asomaba una puerta de cristal donde pudo ver a hombres y mujeres trabajando. Todos ellos jóvenes, apuestos e impecablemente vestidos. Volvió a ruborizarse y a perder otro poco más de la confianza que tenía guardada para la entrevista. 

De repente, una puerta se abrió, y apareció un apuesto hombre que rozaba la cuarentena. Llevaba un traje de chaqueta azul marino con una camisa blanca, sin corbata.  

— Adelante Paula. Ya puedes pasar.  

Paula se puso más nerviosa todavía. Tropezó torpemente con una papelera que asomaba al lado de su silla, provocándole un ligero desequilibrio.  

«Por lo menos no me he caído». 

— Encantado de conocerte, Paula. Soy Andrés, el director ejecutivo de la empresa.  

Paula sabía sobradamente quién era Andrés, pues había estado haciendo sus deberes estudiando todo el organigrama de la compañía. Tragó saliva. 

Andrés siguió hablando. 

– Nos ha encantado tu perfil. Has superado con creces todas las pruebas y veo que fuiste número uno en tu promoción de la universidad.  

–Así es — contestó. — Estoy encantada de haber podido llegar hasta aquí. 

Andrés la miró atentamente. Paula se ruborizó. 

– Dime, Paula. ¿Estás casada? 

«¿A qué viene esta pregunta?» pensó, sorprendida. 

— S… Sí. — titubeó. 

Andrés prosiguió con la entrevista. 

— ¿Qué aspiraciones tienes en la vida además del trabajo?  

Paula no se había preparado para preguntas tan “personales”  

— Pues… me encanta escribir. Algún día me gustaría publicar un libro relacionado con mi profesión. También he pesado en dar conferencias de forma ocasional, ya que me ayudan a reciclarme y así poder estar siempre al día.

Andrés la miró de reojo. Paula suspiró, nerviosa.  

— Bueno… no me refería a eso exactamente — prosiguió. — Ya sabes que el puesto al que estás aspirando requiere una gran responsabilidad y dedicación. ¿Planeas tener familia algún día?

Paula no logró disimular un gesto de sorpresa. Por supuesto que estaba dispuesta a tener familia algún día. Es más. Ya había tenido la conversación con su marido, pero prefería esperar a estar más asentada laboralmente. Además de querer un hijo, también aspiraba a realizarse profesionalmente. ¿Es que acaso ambas facetas eran incompatibles?

¿Qué hubieses respondido en lugar de Paula?

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